Mientras la estrategia marca la línea general del procedimiento, las tácticas son las acciones en las que se concreta la estrategia.

No es un trabalenguas, ni juego de palabras, más bien una máxima que se aplica en toda negociación importante.

Hoy, tras el estallido social en Chile, la estrategia debe ser el término más recurrente en los pasillos de La Moneda. Debe, porque en vista de los últimos acontecimientos, nada parece ser seguro en la casa de Gobierno.

Ya no se trata de subestimar al “enemigo”, como suele darse cuando las autoridades de turno negocian con los estudiantes o la clase trabajadora, desarrollando tácticas de presión que buscan -reloj y calendario en mano- desgastar a la contraparte. O recurrir a la táctica que se conoce como “del engaño”, acordando, prometiendo y programando cuanta mesa de trabajo sea posible para llegar a acuerdos que nunca llegan (en el fútbol se dice patear la pelota al córner).

Ahora llegó la hora que el Mandatario muestre su mejor muñeca política y que sus asesores entiendan que la cosa parece ir en serio, entendiendo que las tácticas de presión no hacen más que deteriorar gravemente las relaciones y que confundir o intimidar parece que esta vez estarán lejos de debilitar al “enemigo”.

Lo recomendable hoy es actuar con decisión, franqueza y con el convencimiento de querer cambiar las cosas. Bueno, en realidad el convencimiento se puede obviar, basta con señalar que luego de cuatro años de tramitación recién ahora los diputados aprobaron la rebaja de la dieta parlamentaria. Y seguro lo hicieron poco convencidos.

Y mientras las cacerolas siguen sonando en el centro de Punta Arenas y a o largo de todo el país, Piñera y su equipo saben que el horno ya no está para bollos…


Alejandro Salazar Carrera, Director Patagonia Noticias

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