A todas luces resulta conveniente, obtener servicios aunque exista deuda histórica o vigente. Pero el modus operandi de las “comisionistas” puede involucrar al contratante en un problema legal gratuito.

“Sí, no hay problema, puede acceder al servicio sin considerar su deuda. Pero tendríamos que colocar el servicio a nombre de otra persona…” Es esto último lo que da paso a la historia, al problema y a la noticia. Porque es el propio vendedor contactado quien entrega la solución ofreciendo la cédula de identidad de un desconocido.

Fernando cuenta su caso. Una aviso a través de las redes sociales lo lleva a contactar a quien ofrece televisión e internet para su hogar. El precio es conveniente, pero aún mejor: no se considera una deuda anterior con la compañía. Eso sí, la condición es instalarlo a nombre de un tercero que provee la misma vendedora enviándole por Whatssap la fotocopia de la cédula del desconocido (un familiar de ella, según asegura).

Sin embargo, al cumplirse el primer mes y tras el pago correspondiente a la compañía, el servicio fue “cortado”. La razón, el dueño del carné denunció que alguien había contratado un servicio a su nombre y que se había hecho mal uso de su cédula de identidad.

Ricardo vivió una experiencia similar, aunque desde el otro lado de la vereda. “Me llamaron para cobrarme una deuda por un servicio hogar (televisión e Internet), algo que jamás tuve. Al acercarme a la compañía me encuentro que alguien contrató con mi nombre en Santiago”.

Son dos casos ocurridos en Punta Arenas, lo que se repiten a diario según PATAGONIA NOTICIAS pudo comprobar en las compañías y en el diálogo con algunos ejecutivos. En todas se excusan por no entregar una versión oficial (todo se maneja a nivel de Santiago), pero los antecedentes permiten conocer y establecer el modus operandi de estos mal llamados vendedores.

CÓMO OPERAN

Lo primero es mencionar que las compañías no se hacen responsables y responsabilidad del propio contratante lo que vaya a ocurrir.

Los vendedores pueden ser “comisionistas” seleccionados por las mismas empresas, quienes con tal de efectuar la venta recurren a prácticas ilegales partiendo por el uso de fotocopias de cédulas de identidad de cualquier persona. Y como en su mayoría se trata de gente ligada al rubro de la venta, en algún momento contaron con acceso a documentación que uno, en algún momento, entregó para obtener un crédito, una tarjeta o un beneficio. Vale decir, cualquiera puede estar expuesto a aparecer como deudor.

Las consultas y reclamos se repiten a diario en las sucursales magallánicas de las compañías, pero no hay una solución real.

Jorge supo que era deudor cuando gestionó la contratación de un servicio en el sector sur de Punta Arenas. También aparecía como contratante en Santiago.

Eso lo privó de contar con televisión e Internet, recibiendo como respuesta que lo único que podía hacer era suspender el servicio en el domicilio de la capital aduciendo “estafa” o “suplantación de identidad” y esperar una evaluación de su caso. O una segunda opción, cancelar los casi 50 mil pesos de deuda. Optó por ninguna de las anteriores.

FALSA IDENTIDAD

PATAGONIA NOTICIAS contactó a tres “vendedoras” que ofrecen el servicio por redes sociales. El “verso” siempre es el mismo, ofreciendo todo sin problemas y buscando el ajuste necesario (demasiada amabilidad para ser cierto).

Una de ellas se hace llamar Alejandra. Asegura ser ejecutiva de una de las compañías. Luego de solicitar la cédula para la evaluación (enviada por Whatssap) dice que no se puede acceder al servicio, pero que ella tiene un familiar que facilitará el documento.

Nos envía esa cédula, que debemos mostrar al instalador y luego con ese nombre y número pagar. Y otro dato interesante, si se quiere tener el servicio al otro día se debe cancelar la instalación al momento, de lo contrario esperar al menos una semana.

Alejandra jamás dice si es de Punta Arenas. Luego conocemos que en Whatssap es Alejandra, pero que en Messenger es Patricia. En dos de las redes sociales su foto coincide, en otra es una persona distinta.

Al momento de ser “encarada” en el teléfono, simplemente corta y bloquea.

La experiencia se repetirá con otras dos vendedoras. Amabilidad a toda prueba. Sólo una cuenta que está en Santiago.

Mientras tanto, uno de los afectados, Jorge, soluciona el problema instalando el servicio a nombre de un hermano. Asegura que no denunciara el caso a la justicia, “para qué, por 50 lucas. Me dicen que podría seguir una acción civil y cuánto me sale un abogado, y los trámites, el tiempo. Lo único que queda es hacerlo público”.

Para el final, sólo la reflexión y una larga lista de dichos: que lo bonito sale caro, que no todo lo que brilla es oro, y que el delito de los que nos engañan no está en el engaño sino en que ya no nos dejan soñar que no nos engañarán nunca.

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