Guillermo Piedrabuena recordó una situación vivida en Magallanes, además de hablar de impunidad, protección y ocultamiento.

De protección e impunidad habló el ex fiscal nacional, Guillermo Piedrabuena, al referirse a los casos de abusos que han protagonizado sacerdotes en Chile y que, durante el último tiempo, han venido saliendo a la luz pública.

El ex primer jefe del Ministerio Público y también ex presidente del Consejo de Defensa del Estado habló latamente sobre el tema en el programa “Stock Disponible”, del canal VíaX, revelando antecedentes y detalles, destacando uno en particular: Magallanes era destino para los sacerdotes que cometían delitos sexuales. “Una sanción era cambiarlos de lugar. Si había sido en Concepción lo mandaban a Punta Arenas” señaló para luego revelar que en 2002 tuvo conocimiento que en Magallanes un sacerdote acusado había salido del país con conocimiento del obispado, “aparentemente para no presentarse a la justicia”. Sin embargo, ante ello nada pudo hacer porque la Reforma Procesal Penal aún no entraba en vigencia en nuestra región.

Agregó que durante mucho tiempo la Iglesia ocultó este tipo de situaciones, pero “era una verdad innegable. Se ocultaron con muy mal criterio. Si uno lee las muchas obras que se han publicado, cuando a un sacerdote se le descubría que había cometido algún abuso la sanción era cambiarlo de lugar”. Agrega que si el caso era en Punta Arenas se les enviaba al norte “y algunos, incluso, los mandaban al extranjero”.

Sobre el rol que le tocó cumplir como fiscal nacional en torno a estas denuncias, Piedrabuena recuerda que “hubo tres o cuatro casos en el que hubo protecciones indebidas a inculpados de abuso. Había un sacerdote que abusaba de los moribundos en el norte; otro que abusaba de personas que tenían Síndrome de Down. Tuve que soportar, no hablemos de presiones, pero de tratar que esto fuera la pena mínima o se ocultara, desde una alta autoridad eclesiástica”.

Guillermo Piedrabuena dijo en su oportunidad que en los casos registrados en Magallanes no tuvo cooperación de parte del entonces obispo diocesano, monseñor Tomás González, quien -aseguró- “estaba más preocupado del escándalo que de nada”.

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