Un macabro episodio se remonta a octubre de 1913, cuando el bergantín inglés Johnston se topó con un “barco fantasma” que se hallaba a la deriva en las aguas magallánicas, cerca de Punta Arenas.

Las aguas del Estrecho de Magallanes han sido escenario de diversas historias, algunas que dan cuenta de tragedias, otras de misterios y algunas pocas hazañas ligadas principalmente al deporte.
El relato que presentamos a continuación tiene de las dos primeras. Se remonta a octubre de 1913, cuando el bergantín inglés Johnston se topó con un “barco fantasma” que se hallaba a la deriva en las aguas magallánicas, cerca de Punta Arenas.
El capitán del Johnston ordenó a seis de sus marineros que lo abordaran para averiguar lo que ocurría a bordo. La escena resultaba macabra. El informe del primer oficial lo relató de la siguiente manera: “Por fin llegamos a sotavento del navío y no había ninguna señal de vida a bordo. Abordamos y cuando estábamos en cubierta todo crujía y parecía desmoronarse bajo nuestros pies. Lo que aparecía ante nuestros ojos era monstruoso. Al timón yacía aferrado el esqueleto de un hombre, vistiendo aún la casaca del capitán. Caminando con cuidado sobre los puentes en descomposición, nos encontramos con otros tres esqueletos. Entre la cocina y la despensa encontramos los restos de diez cuerpos y otros seis yacían tumbados en el alojamiento. El musgo y la humedad lo cubría todo. Las cartas y los documentos en la cabina del capitán eran ilegibles. Todos los cadáveres vestían aún restos de sus uniformes. Incluso el libro de registro en el que una espada oxidada estaba descansando, que era moho y parecía ilegible”.
En la proa podía leerse el nombre de le embarcación: “Malbourough”.

Los antecedentes
La investigación posterior permitió conocer que dicho barco había zarpado desde Littleton, Nueva Zelandia, rumbo a Glasgow en enero de 1890, vale decir, 23 años antes de que fuera encontrado en el Estrecho.
Tenía veintitrés tripulantes y llevaba a bordo ocho hombres como pasajeros. En sus bodegas llevaba lana y carne congelada.
La nave de 1.224 toneladas, había sido construida por Robert Ducan en Glasgow y arrojada al océano en junio de 1876.
De cómo llegó a aguas magallánicas, sigue siendo hoy un misterio, al igual que su destino. Sólo existe registro de un posible paso por el Canal Beagle y de un posterior temporal.


*De este episodio naval puede conocerse más en el libro “El barco de los esqueletos”, del destacado escritor magallánico Oscar Barrientos Bradasic y publicado por Pehuén Editores.
Otros autores que se han referido a este epidosio han sido Osvaldo Wegmann Hansen, Oreste Plath y el famoso autor norteamericano Robert L. Ripley, en 1929, para su conocida colección “Believe it or not!”.

  • Del libro “Almanaque Magallánico 2016-2017”, de Soledad Soto V.

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